Adiós Lima

23 Jul

Qué bonito es salir de vacaciones y viajar, conocer nuevos lugares, disfrutar de esos momentos con tus seres queridos, luego volver casa y ver las fotografías tomadas mientras compartes las memorables anécdotas.

Pero qué pasa cuando ese viaje no es por motivo de vacaciones, al que no vas acompañado, y lo peor de todo que no tiene fecha de retorno.

Si bien mi jefe ya me mandaba esporádicamente a supervisar el proyecto de Cañete, a esos viajes en los que salía tempranísimo de mi casa, disfrutaba de la visita y regresaba ese mismo día al atardecer con un paquete de chocotejas para mi mamá y  mi hermano, no fue hasta a la reunión de fines de marzo en que me dio la noticia.

– Dave, necesitamos más control en el proyecto, necesito que te quedes permanentemente en Cañete- Me dijo calmadamente. – ¿No tienes problema, no? Termina de arreglar tus papeles de la universidad de una vez.

Le respondí que no había problema con voz baja e inconscientemente, aunque ya me había advertido que trabajaría en provincia en algún momento, no pensé que eso se daría tan pronto. Se me cruzaron muchas ideas por la cabeza en ese instante, por una parte lo asumía como una aventura en la que viviría una experiencia osada a mi temprana edad, apenas había terminado la universidad hacía unos meses, y por otro lado tenía el temor inherente a una partida prolongada y el abandono de mi casa, de mi mamá.

– Perfecto. Te vas después de semana santa. Anda buscando cuarto.- Sentenció.

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